Reloj Monumental de Pachuca
- Arantxa González Berzunza

- 5 mar
- 3 Min. de lectura
¿Qué tantas cosas podrías ver al paso de casi 116 años? ¿Cuántos momentos, historias y personas formarían parte de lo que has presenciado, ahí, en la plaza principal de tu ciudad capital, siendo el referente de toda una cultura?
Esta es quizá la pregunta que la mayoría de las personas que han presenciado al gigante de casi 40 metros, estoico e imponente, quisieran hacerle al tan impresionante Reloj Monumental de Pachuca.

Pero, como siempre, para entender cómo es que se convirtió en el ícono de la ciudad, escudo del equipo de futbol y referente de cultura, debemos dar un paso al pasado. En el corazón de Pachuca, sobre la emblemática Plaza Independencia, se alza uno de los monumentos más importantes del estado de Hidalgo: el Reloj Monumental de Pachuca, una obra que desde 1910 marca no solo las horas, sino también la identidad de la ciudad.
Su construcción tuvo un motivo claro: por instrucciones del entonces Presidente de la República, Porfirio Díaz Mori, y para conmemorar el Centenario del inicio de la
Independencia de México, todas las capitales del país debían erigir un monumento que representara los ideales de lucha y libertad. Pachuca, centro político del estado de Hidalgo, no fue la excepción.
Viviendo un auge económico impulsado mayormente por la minería y con una fuerte influencia arquitectónica europea, designó a un grupo de empresarios y autoridades locales, encabezados por Jesús Zenil, para que liderara el proyecto que comenzó en 1904 y que concluiría aproximadamente seis años después.
Concretando planeación, diseño y montaje, la visión arquitectónica estuvo a cargo del ingeniero Tomás Cordero. La estructura alcanza cerca de 40 metros de altura y está construida principalmente con cantera blanca proveniente de la región, lo que le otorga su aspecto elegante y sólido.

En su interior cuenta con una estructura metálica que refuerza el edificio, mientras que el mecanismo del reloj fue fabricado en Inglaterra por la misma compañía que elaboró el sistema del célebre Big Ben de Londres, garantía de precisión y durabilidad.
El reloj posee cuatro carátulas de aproximadamente tres metros de diámetro, orientadas hacia los cuatro puntos cardinales, lo que permite que sea visible desde distintos ángulos del centro histórico. En la parte superior se encuentran esculturas de mármol de Carrara que simbolizan momentos clave de la historia nacional: la Independencia de 1810, la Libertad, la Constitución de 1857 y las Leyes de Reforma.
Cada figura representa valores fundamentales como soberanía, justicia y derechos ciudadanos. Arquitectónicamente, el monumento combina elementos neoclásicos con detalles ornamentales propios del Porfiriato, reflejando el estilo afrancesado que predominaba en el México en esa época. Las columnas, balcones y relieves refuerzan su carácter solemne y conmemorativo.
Desde su inauguración el 15 de septiembre de 1910, el Reloj Monumental se convirtió en punto de reunión social, político y cultural. Ha sido escenario de celebraciones patrias, manifestaciones ciudadanas, conciertos y encuentros deportivos.

Para generaciones de pachuqueños, “nos vemos en el Reloj” es más que una frase: es una tradición. A más de un siglo de su construcción, el reloj continúa funcionando y adaptándose a los tiempos modernos mediante labores de mantenimiento y restauración. Su presencia recuerda el pasado minero de Pachuca y su transformación en una ciudad dinámica.
Más que un monumento, el Reloj Monumental es un testigo histórico que conecta a jóvenes y adultos con el legado de su ciudad, marcando cada hora como símbolo de permanencia y orgullo colectivo.











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