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Los pastes: patrimonio gastronómico e identidad histórica de Hidalgo

Actualizado: hace 7 días


En el corazón del estado de Hidalgo, entre paisajes mineros y montañas que guardan siglos de historia, se conserva una de las expresiones gastronómicas más representativas de la identidad regional: el paste.


Su origen se remonta al siglo XIX, cuando trabajadores provenientes de Cornwall, Inglaterra, arribaron  a los distritos mineros de Real del Monte y Pachuca para integrarse a la actividad extractiva. Con ellos trajeron el “Cornish pasty”, una empanada horneada diseñada para ser práctica, nutritiva y resistente a las condiciones de trabajo en las minas.


La característica orilla gruesa o coloquialmente conocida “trenza”, en uno de sus bordes permitía a los mineros sostener el alimento con manos cubiertas de polvo y minerales, sin comprometer la higiene del relleno. Con el paso del tiempo, esta receta europea encontró en Hidalgo un nuevo hogar. La preparación original se transformó al incorporar ingredientes locales, adaptarse a los gustos regionales, dando origen al paste hidalguense.


Aunque el relleno tradicional de papa con carne continúa siendo el más emblemático, la creatividad culinaria ha permitido el surgimiento de múltiples variantes que reflejan la diversidad gastronómica del estado.Desde una perspectiva patrimonial, el paste representa un claro ejemplo de mestizaje cultural.


No solo es resultado de la migración y del intercambio de saberes culinarios, sino que también simboliza la memoria colectiva de las comunidades mineras. Su elaboración y consumo forman parte de la cotidianidad hidalguense; prácticas sociales transmitidas de generación en generación, fortaleciendo la identidad local y el sentido de pertenencia.


En municipios como Mineral del Monte, la tradición del paste se integra a la vida diaria, a la actividad turística y a las celebraciones culturales que rememoran la herencia minera.


De esta manera, el platillo trasciende su función alimentaria para convertirse en un elemento de valor histórico, económico y cultural.


El paste, en suma, es una expresión tangible del pasado que dialoga con el presente. Su permanencia en la mesa hidalguense demuestra que la gastronomía puede ser también un archivo vivo de la historia, un vehículo de identidad y un patrimonio que continúa fortaleciéndose con el paso del tiempo.



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